Misterios Amorosos –caritatevoles–

 

(se rezan los sábados)


El Amor constituye uno de los sentimientos más nobles y grandes que existe. Por Amor, Dios entregó a Su Hijo Unigénito Jesús. La esencia fundamental de Dios es el Amor. Él es Amor. Dice en 1ra. Juan 4:8  “El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor”. Recuerda, todo lo que hagamos debemos hacerlo con Amor. Dios es Amor, entonces todo absolutamente todo debemos hacerlo teniendo a Dios con nosotros, pues de nada te vale hacer todo sin Dios de tu lado. Y para tener a Dios con nosotros y ser constituidos sus hijos es imprescindible que Cristo Jesús sea nuestro Señor, Rey y Salvador; ser bautizados en el Espíritu Santo y el fuego de Su Amor.
La Verdad debe ir unida al verdadero Amor.
Las verdades de Cristo deben estar unidas al Amor no fingido.


Señal de la Cruz: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

Introducción.

Credo, Padre Nuestro, 3 Ave María (por la fe, la esperanza, la caridad), Gloria.

 

o bien

Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria.

 
 

Primer Misterio Amoroso. El Mandamiento del Amor.

   

«Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes."» (Juan 13,12-15)
«Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.» (Juan 13,34-35)

Pausa de reflexión: El juicio final no se basará en la cantidad de nuestras comuniones, de nuestras misas dominicales, de nuestras prácticas religiosas, sino en nuestra conducta para con los hermanos. No seremos interrogados sobre lo que hemos hecho frente a Dios, sino sobre lo que hemos hecho frente a los demás.
El juez divino va a decir: “En verdad os digo que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos, conmigo lo hicisteis.” (Mateos 25,40).
San Agustín, en una de sus epístolas, habla muy claramente en el mismo sentido: “La caridad fraterna es la única que distingue a los hijos de Dios de los hijos del diablo. Pueden todos hacer la señal de la cruz, responder amén, hacerse bautizar, entrar en la iglesia, edificar templos. Pero los hijos de Dios sólo se distinguen de los del diablo por la caridad. Puedes tener todo lo que quieras; si te falta el amor, de nada te vale todo lo demás.”

Padre Nuestro, 10 Ave María (meditando el misterio), Gloria.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente las que somos más necesitadas de tu Misericordia.

 

Segundo Misterio Amoroso. El Amor trae unidad.

   

«No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.» (Juan 17,20-23 y ver Lucas 9,49-50)
«Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y la compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás. Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús.» (Filipenses 2,1-4)

Pausa de reflexión: Cuando somos capaces de unirnos y ser uno solo en Cristo, entonces verdaderamente estamos viviendo nuestra conversión. Dicen que en la unión esta la fuerza, pero yo les digo que en la unión esta la verdad. Cuando somos capaces de unirnos y ser uno solo en Cristo, entonces verdaderamente estamos viviendo nuestra conversión. Cuando mis manos se convierten en el soporte del otro que no lo deja caer y nos convertimos en protectores de los demás, entonces estamos haciendo la voluntad de Dios.
En la unión esta la fuerza, pero se necesita más que fuerza para ser funcionales. Si hay fuerza pero no hay decisión, no hay buena intención, no hay amor, tolerancia, colaboración, desprendimiento, entrega, convicción. De nada sirve el que te unas, hace falta que esa unión venga acompañada de ciertos elementos que darán credibilidad a esa unidad.
Cuando te unas no busques un interés personal, sino que busca compartir el mismo querer de Dios para todos. Si nos unimos sin Dios, no es unión, es oportunismo. Necesitamos familias, amigos, matrimonios, cristianos, comunidades, ministerios unidos, porque en la unidad es que nos creerán que somos de Cristo.
Ya basta de buscar cada quien sus propios intereses, desde siempre recordemos que la obra es de Dios y nadie puede vanagloriarse de tener algo que le pertenece a Dios y que nos fue entregado para compartirlo. El amor y la misericordia, la visión y los proyectos de Dios, se trabajan en unidad. Nadie deberá hacer nada por su propia cuenta, todos debemos trabajar partiendo de la mano del hermano. “Así pues yo, el prisionero por amor al Señor, les ruego que, como corresponde a la vocación a la que han sido llamados, se comporten con gran humildad, amabilidad y paciencia, aceptándose mutuamente con amor. Preocúpense de conservar, mediante el vínculo de la paz, la unidad que es fruto del Espíritu.” (Efesios 4, 1-3)
"Permaneced, pues, en estos sentimientos y seguid el ejemplo del Señor, firmes e inquebrantables en la fe amando a los hermanos, queriéndoos unos a otros, unidos en la verdad, estando atentos unos al bien de los otros con la dulzura del Señor, no despreciando a nadie. Cuando podáis hacer bien a alguien, no os echéis atrás, (…). Someteos unos a otros y procurad que vuestra conducta entre los gentiles sea buena así verán con sus propios ojos que os portáis honradamente; entonces os podrán alabar y el nombre del Señor no será blasfemado a causa de vosotros. Porque ay de aquel por cuya causa ultrajan el nombre del Señor!" (SAN POLICARPO DE ESMIRNA, Carta a los Filipenses, 9,1 -11, 4)

Padre Nuestro, 10 Ave María (meditando el misterio), Gloria.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las que somos más necesitadas de tu Misericordia.

 

Tercer Misterio Amoroso. El testimonio del Amor -Caridad-.

   

«Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno. Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.» (Hechos 2,44-47)
«...el fruto del Espíritu es: amor [caridad], alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia... » (Gálatas 5,22-23)

Pausa de reflexión: Quizá la nota más característica de la vida de los primeros cristianos era cómo sabían quererse entre sí. Esta será la señal por la que serán reconocidos por los paganos. Procuraban llevar a la práctica el mandato de Jesús “amaos unos a los otros como Yo os he amado”: ésta es la herencia que nos han dejado, y la que nosotros deberemos trasmitir a los que vengan después. No se trata de filantropía o de humanitarismo sin más: están dispuestos –como dice Tertuliano- a dar la vida por los demás.
"Pero es precisamente esta eficacia del amor entre nosotros lo que nos atrae el odio de algunos, pues dicen: «Mirad cómo se aman», mientras ellos sólo se odian entre sí. «Mirad cómo están dispuestos a morir el uno por el otro», mientras que ellos están más bien dispuestos a matarse unos a otros.
El hecho de que nos llamemos hermanos lo tienen por infamia, a mi entender, sólo porque entre ellos todo nombre de parentesco se usa sólo con falsedad afectada. Sin embargo, somos hermanos vuestros en virtud de nuestra única madre la naturaleza, aunque seáis bien poco hombres, pues sois tan malos hermanos."  (TERTULIANO, Apologético, 39, 1-18 | Las famosas palabras que, al final del siglo II, Tertuliano ponía en boca de los paganos que admiraban cómo se querían los cristianos entre sí, debemos hacerlas presentes también hoy en día…)
"Socorren a quienes los ofenden, haciendo que se vuelvan amigos suyos; hacen el bien a los enemigos. No adoran dioses extranjeros; son dulces, buenos, pudorosos, sinceros y se aman entre sí; no desprecian a la viuda; salvan al huérfano; el que posee da, sin esperar nada a cambio, al que no posee. Cuando ven forasteros, los hacen entrar en casa y se gozan de ello, reconociendo en ellos verdaderos hermanos, ya que así llaman no a los que lo son según la carne, sino a los que lo son según el alma." (escribe este estadista griego, ARISTIDES DE ATENAS, La Apología, 15)

Padre Nuestro, 10 Ave María (meditando el misterio), Gloria.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente las que somos más necesitadas de tu Misericordia.

 

Cuarto Misterio Amoroso. El Amor mutuo fraternal perdonador.

   

«Por su obediencia a la verdad, ustedes se han purificado para amarse sinceramente como hermanos. Ámense constantemente los unos a los otros con un corazón puro, como quienes han sido engendrados de nuevo, no por un germen corruptible, sino incorruptible: la Palabra de Dios, viva y eterna.» (1 Pedro 1,22.23)
«Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección.» (Colosenses 3,12-14)

Pausa de reflexión: Tomamos ejemplo de la alegría, la sencillez de corazón, caridad y comunión que hay entre los frailes franciscanos (o las clarisas), y de quien Jesucristo levantó como San Francisco de Asís, para avivar el Amor y la comunión en un momento oscuro de la Iglesia; el cual escuchó al Señor decirle: “Francisco, ve y repara mi iglesia, ¿no ves que amenaza ruina?”.
"Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos por mantener la unidad del Espíritu, con el vinculo de la paz. De esta manera demuestra que es imposible mantener la unión y la paz si los hermanos no se toleran mutuamente y si no conservan el vínculo de la unión fraterna mediante la virtud de la paciencia." (SAN CIPRIANO DE CARTAGO, Tratado sobre la paciencia, 13)

Padre Nuestro, 10 Ave María (meditando el misterio), Gloria.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente aquellas que somos más necesitadas de tu Misericordia.

 

Quinto Misterio Amoroso. La preeminencia del Amor.

   


Juan Pablo I mártir

https://youtu.be/_-eL0w6BcWQ
«Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.» (1 Corintios 13,1-13)

Pausa de reflexión: Quienes vivimos en la fe, quienes creemos que Jesús es el hijo del Dios viviente, olvidamos frecuentemente qué fue lo que motivó a Dios Padre a entregar a su hijo para reconciliar al hombre con Él, así como olvidamos también lo que motivó a Jesucristo a dar su vida por nosotros. Repito, se nos olvida.
Es entonces cuando, apoyados en nuestra religión (falsa fe) empezamos a defender precisamente eso: la religión. No podemos ir por el mundo defendiéndonos o juzgando a los demás por sus particulares creencias o ausencia de éstas; ello nos aleja de las personas a quienes primeramente debemos llevar la verdad de Cristo a través de nuestro testimonio, y me refiero a nuestros padres, a nuestros cónyuges, a nuestros hermanos, a nuestros hijos, a nuestros demás familiares y amigos.
No nos conformemos con la buena Palabra de nuestras iglesias, limitada a aquellas personas con las que coincidimos en nuestra fe y dentro de cuatro paredes. Busquemos llevar el evangelio auténtico de Jesucristo en obras, aquel evangelio en el que se basan los dos más grandes mandamientos: amarás al Señor tu Dios por sobre todas las cosas y ama a tu prójimo como a ti mismo.
Hagamos de nuestra fe una forma de vida no una religión, permitamos que Dios nuestro Señor sea quien dirija nuestros pasos y entonces nos haga instrumentos de bendición para aquellos que no le conocen. Que las personas reciban a través de nosotros lo que Dios tiene preparado para ellos, sin que vean en nosotros tal o cual religión o denominación.
Entonces, sin lugar a dudas, empezaremos a establecer el reino de Dios alrededor nuestro y ya no seremos como esos sepulcros blanqueados a los que se refería nuestro bien amado Señor Jesús.
Seamos el reflejo fiel de seguridad y poder de Aquel que dio su vida por nosotros: ¡Jesucristo nuestro Salvador!

Padre Nuestro, 10 Ave María (meditando el misterio), Gloria.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente las que somos más necesitadas de tu Misericordia.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria por las intenciones del Papa. Salve.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

- Soli Deo honor et gloria.


 

Misterios Lumminosos

Misterios Luminosos [modificado]

 

(se rezan los jueves)


Cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma del Señor Jesús. Si bien todo el misterio de Cristo es Luz, ya que Él es la Luz del mundo, esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando el Señor anuncia el Evangelio del Reino.

Señal de la Cruz: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

Introducción.

Credo, Padre Nuestro, 3 Ave María (por la fe, la esperanza, la caridad), Gloria.

 

o bien

Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria.

 

Primer Misterio Luminoso. El Bautismo de Jesús.

 
Bautismo de Jesús

«Jesús fue de Galilea al Jordán para que Juan lo bautizara. Pero Juan quería impedirlo, diciendo: "Soy yo el que necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?" Jesús le respondió: "¡Déjame ahora, pues conviene que se cumpla así toda justicia!" Entonces Juan accedió a ello. Una vez bautizado, Jesús salió del agua; y en esto los cielos se abrieron y vio al Espíritu de Dios descender en forma de paloma y posarse sobre él. Y se oyó una voz del cielo: "Éste es mi hijo amado, mi predilecto".» (Mateo 3,13-17)
«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio». (Marcos 1, 15)

Breve pausa de reflexión: «El comienzo de la vida pública de Jesús es su bautismo por Juan en el Jordán. Juan proclamaba "un bautismo de conversión para el perdón de los pecados" (Lucas 3,3)» (CIC, 535). «Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel, este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones» (CIC, 543).

Padre Nuestro, 10 Ave María (meditando el misterio), Gloria.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente las que somos más necesitadas de tu Misericordia.

Segundo Misterio Luminoso. Las Bodas de Caná.

 
Las Bodas de Caná

«Tres días después hubo una boda en Caná de Galilea, en la que estaba la madre de Jesús. Invitaron también a la boda a Jesús y a sus discípulos. Se terminó el vino, y la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". Jesús le contestó: "¿A ti y a mí qué, mujer? Mi hora todavía no ha llegado". Su madre dijo a los sirvientes: "Haced lo que él os diga". Había allí seis tinajas de piedra de unos cien litros cada una para los ritos de purificación de los judíos. Jesús les dijo: "Llenad de agua las tinajas". Y las llenaron hasta arriba. Añadió: "Sacad ahora y llevádselo al maestresala". Y se lo llevaron. Tan pronto como el maestresala probó el agua convertida en vino (sin saber de dónde era, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), llamó al novio y le dijo: "Todos sirven primero el vino mejor; y cuando se ha bebido en abundancia, el peor. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora". Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus milagros, manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.» (Juan 2,1-11)

Breve pausa de reflexión: En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo -a petición de su Madre- con ocasión de un banquete de boda. La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo» (CIC, 1.613).

Padre Nuestro, 10 Ave María (meditando el misterio), Gloria.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y soccrre especialmente a las que somos más necesitadas de tu Misericordia.

Tercer Misterio Luminoso. La Transfiguración.

 
La Transfiguración

«Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte, que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". No sabía lo que decía. Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y los cubrió. Al entrar en la nube, los discípulos se asustaron. Y una voz desde la nube dijo: "Éste es mi hijo, el elegido, escuchadlo".» (Lucas 9,28-35)

Breve pausa de reflexión: Al transfigurarse delante de los tres Apóstoles, Jesús fortaleció nuestra esperanza sobre la vida eterna, animándonos a soportar bien los sufrimientos y pruebas de esta vida. Cuando nosotros sabemos la gloria que nos aguarda, tenemos más paciencia en medio de las tribulaciones. ¡Con este fulgor será nuestra resurrección en el día del juicio! Por este misterio, pidamos la intercesión de la Santísima Virgen para obtener la gracia de nunca perder la convicción de la gloria que está reservada a los que perseveren, a fin de que jamás nos desanimemos a lo largo de nuestra existencia.

Padre Nuestro, 10 Ave María (meditando el misterio), Gloria.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente las que somos más necesitadas de tu Misericordia.

Cuarto Misterio Luminoso. La Institución de la Eucaristía.

 
La Cena del Señor

«Mientras comían, Jesús tomó en sus manos el pan y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a los discípulos, diciendo: "Tomen y coman, este es mi cuerpo". Luego tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, se la pasó a ellos, diciendo: "Beban todos ustedes de esta copa; porque esto es mi sangre, con la que se confirma la alianza, sangre que es derramada en favor de muchos para perdón de sus pecados".» (Mateos 26,26-28)

Breve pausa de reflexión: ¿Qué más podría habernos dado Jesús? Se hizo comida y bebida para que eternamente podamos participar de su propia vida. Descendió desde lo más alto de los cielos, asumiendo la sustancia del pan y del vino para elevarnos al convivio de Dios. Al comulgar, nosotros nos asemejamos a María por algunos momentos, poseyendo el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesús en nuestras entrañas.

Padre Nuestro, 10 Ave María (meditando el misterio), Gloria.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y soccorre especialmente aquellas que somos más necesitadas de tu Misericordia.

Quinto Misterio Luminoso. El Rapto de los Fieles.

 
El Rapto de los Fieles
«Porque a la señal dada por la voz del Arcángel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Señor descenderá del cielo. Entonces, primero resucitarán los que murieron en Cristo. Después nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y así permaneceremos con el Señor para siempre.» (1 Tesalonicenses 4,16-17)
«Les aseguro, hermanos, que lo puramente humano no puede tener parte en el Reino de Dios, ni la corrupción puede heredar lo que es incorruptible. Les voy a revelar un misterio: No todos vamos a morir, pero todos seremos transformados. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final -porque esto sucederá- los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados.
» (1 Corintios 15,50-52)

Breve pausa de reflexión: Cómo en un relámpago, en un abrir y cerrar de ojos, Jesucristo vendrá para el Rapto de la Novia –la Iglesia– y las Bodas del Cordero de Dios. Mientras que el mundo entrará en la Gran Tribulación, la cual concluirá con el Armagedón –la batalla de Dios Todopoderoso– y la Parusía; la segunda venida del Mesías en Majestad y Gloria, para reinar por mil años, bajo cielos nuevos y sobre tierra nueva, y el mar no existirá más (Apocalipsis 20,4-6 + Apocalipsis 21,1).

Padre Nuestro, 10 Ave María (meditando el misterio), Gloria.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente las que somos más necesitadas de tu Misericordia.

Padre Nuestro, Ave María, Gloria por las intenciones del Papa. Salve.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.


Nota: El tema del Rapto se engloba dentro del debate doctrinal del Magisterio que, para resumirlo brevemente, consiste en la discrepancia entre dos visiones respecto a la Escatología general. La primera, conocida como “milenarismo patrístico” o simplemente escuela “milenista”, sostiene que Jesucristo volverá, como hemos expuesto, en una Parusía intermedia, al final de la Gran Tribulación, para juzgar a las naciones e instaurar su Reino en el mundo. Según San Juan, ese Reino durará “mil años” (Apocalipsis 20,2-3), de donde recibe el nombre de reino “milenario”, pudiendo ser mil años físicos (lo más probable) o, metafóricamente hablando, un “periodo largo”. Hasta después de ese largo reinado de Cristo en el mundo, descrito de forma admirable por Isaías, entonces sí vendrá el fin del mundo y el Juicio Universal. La segunda escuela escatológica, denominada “antimilenista”, sostiene que no habrá una venida intermedia de Jesucristo ni Reino medianero, sino que la Parusía se dará hasta el fin del mundo, en coincidencia con el Juicio Universal. La primera opinión teológica la sostuvieron todos los Padres de la Iglesia de los primeros cuatro siglos del cristianismo, destacando sobre todo San Ireneo mártir, San Justino mártir, San Policarpo mártir, San Cipriano mártir, San Papías mártir, San Melitón obispo de Sardes, San Victorino mártir, San Metodio mártir y San Teófilo obispo de Antioquía. Incluso el San Agustín joven sostuvo el milenismo, solo que posteriormente cambió al tener que combatir a un hereje contemporáneo suyo, Cerinto, sobresaliente líder de una secta gnóstica, quien planteó el Reino de Cristo sobre la tierra como de bienestar material, de festejo, comilonas, poder político y riquezas. San Agustín le hizo frente en su libro “La Ciudad de Dios”. El problema es que, para combatir esa idea, Agustín espiritualizó tan exageradamente el Reino (siguiendo al hereje Ticonio), que acabó confundiendo el Reino con el cielo, y la segunda venida de Cristo con el Juicio Universal. A la doctrina de Cerinto se le conoce como milenarismo “craso” o “carnal”, por el materialismo que entraña (ver “La Iglesia Patrística y la Parusía”, de los Padres Leonardo Castellani y Florentino Alcañiz , Ed. Paulinas, Buenos Aires, 1976). Escribe en el libro "El Rapto de los Fieles a la luz del Magisterio y de la Tradición", el teólogo Lic. José Alberto Villasana Munguía.

El brillante sacerdote y teólogo jesuita chileno Manuel de Lacunza y Díaz S.J. (* Santiago de Chile, 19 de julio de 1731 - † Imola, Italia, 18 de junio de 1801) realizó una hermosa interpretación milenarista de las profecías de la Sagrada Biblia católica y escribió el libro “La venida del Mesías en gloria y majestad”, bajo el pseudónimo judío de Juan Josafat Ben-Ezra; del cual surge la teoría del “Rapto secreto” o “Arrebatamiento”.

El monje calabrés Joaquín de Flor (Gioacchino da Fiore, 1135-1202), de origen humilde, fue un sabio autodidacta que posteriormente fue escritor experto en temas de teología y filosofía. Entre 1156 y 1157, mientras viajaba por Galilea, tuvo una experiencia mística en el Monte Tabor (el de la Transfiguración), luego del cual obtuvo el don de la exégesis. Para él la historia de la humanidad es un proceso de desarrollo espiritual, que pasa por tres fases: la Edad del Padre (ó Era de la Ley, de 4000 años), la Edad del Hijo (ó Era de la Gracia, de 2000 años) y la Edad del Espíritu Santo (ó Era del Amor -ágape-, de 1000 años, el Séptimo Milenio). ¡Amén!