Coherederos del Reino

El hijo del propietario hereda la propiedad cuando este fallece, el hijo adoptivo también hereda la propiedad, pero si uno no es siquiera hijo adoptivo no hereda la propiedad. Ahora ¿qué pasó con el “hijo pródigo”? El padre le heredó en vida, pero siendo hombre imperfecto dilapidó sus bienes.

Dios Padre le heredó en vida el reino a Jesús, porque siendo eterno nunca va a fallecer. Así que Él es el heredero y nosotros, por la Sangre de Cristo, siendo hermanos -adoptivos- en Cristo, vamos a ser coherederos del Reino de Dios por toda la eternidad (“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con Él a fin de que también seamos glorificados con Él.” Romanos 8, 16-17).

Los que no aceptaron a Jesucristo como Señor y Salvador, van a terminar con el ex-Arcángel Lucifer en el mismo infierno, y luego del Juicio Universal son echados con el diablo, la Bestia y el Falso Profeta, en el lago de fuego y azufre; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. (“También vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y se les concedió autoridad para juzgar. Y vi las almas de los que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús y de la palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, ni habían recibido la marca sobre su frente ni sobre su mano; y volvieron a la vida y reinaron con Cristo por mil años.” “Y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también están la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” Apocalipsis 20, 4+10)

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” (Juan 14, 6)

Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos, testimonio dado a su debido tiempo.” (1ª Timoteo 2, 5-6)

Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos.” (Hechos 4, 12)

¿Quiénes son hijos de Dios?

Emilio Aguero - https://www.lanacion.com.py/2015/07/12/quienes-son-hijos-de-dios/

Un concepto muy común entre la gente es que todos los seres humanos somos hijos de Dios, puesto que todos fuimos creados por Él y que Él nos ama como a hijos.

Es cierto que fuimos creados por Dios y que Él ama a su creación, pero la Biblia nos enseña que no todos son hijos de Dios. De hecho, está muy claramente especificado en la Biblia a quiénes se refiere Dios como hijos, e hijos de quiénes son aquellos que no son sus hijos.

El apóstol Pablo nos dice en el libro de Romanos 8, 14 una de las características fundamentales de los verdaderos hijos de Dios: "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios". Aquellos que tienen una vida guiada por Su Espíritu, son hijos de Dios. Jesús dijo que el Espíritu Santo nos enseñaría todas las cosas concernientes a Él en su Palabra, que es la Biblia (Juan 14, 26). Por lo tanto, una persona que no se guía por la Biblia en su estilo de vida, espiritualidad, fe y moral, no puede dar señal de que es un verdadero hijo/a de Dios. El Espíritu Santo pone en nosotros el deseo de obedecer su Palabra y esa Palabra nos limpia. Jesús dijo: "Ya vosotros estáis limpios por medio de la palabra que os he dado" (Juan 15, 3). ¿Cómo podemos decir ser hijos de Dios si la Biblia es clara en que los verdaderos hijos se guían por su Palabra y no lo hacemos, ni la leemos, ni la conocemos?

El Señor va más allá al declarar que aquellos que viven según los criterios del mundo son sus enemigos. En el libro de Santiago 4, 4 dice: "¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios".

¿En qué términos se refiere la Biblia a aquellos que no rigen sus vidas conforme a su Palabra y viven ajenos a los mandatos de Dios? La Biblia nos lo dice: "…en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, en los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de la carne, haciendo la voluntad de la carne, y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás" (Efesios 2, 2-3). Acá Dios se refiere a los que no son sus hijos, a los que no viven conforme a su Palabra, a los corruptos e inmorales, e incluso, a los que son "buenas personas" según los criterios humanos, pero viven alejados de Dios como "hijos de desobediencia" e "hijos de ira". Así, la Biblia divide a la humanidad solo en dos grupos: los "hijos de Dios" y los "hijos de desobediencia".

El apóstol Juan, al comienzo de su evangelio, nos señala claramente cómo podemos llegar a ser hijos de Dios: "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1, 12). Claramente dice quiénes son los hijos de Dios y cómo se logra esto: "Creer en Él y recibirlo". Eso implica una renuncia a una vida de pecado y un acercamiento sincero, humilde y genuino, sin condicionamientos, a vivir una vida conforme a su Palabra. No se trata de una religión, no se trata de qué uno cree, no se trata de buenas obras, se trata de qué dice Dios. No hay otro camino.

"Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo" (Romanos 10, 9).

¿Todos somos hijos de Dios?

El sentido de nuestra filiación divina define y encauza nuestra actitud. Es un modo de ser y un modo de vivir.


Por: Raúl Alonso - https://es.catholic.net/op/articulos/60837/todos-somos-hijos-de-dios.html

Pues si en cierto sentido, porque Dios nos hizo a todos los hombres y mujeres a su “imagen y semejanza”.

Pero cuando Dios se hizo hombre en Cristo, nuestra dignidad de hijos tomó una dimensión mucho más profunda. Somos hijos de una manera más entrañable, más real, puesto que el verdadero Hijo de Dios, Jesús, se hizo nuestro hermano. Junto con él pasamos a ser hijos de Dios con todos sus derechos, sus riquezas y su herencia. Así lo quiso el Padre desde siempre.

Él determinó desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús.

"eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad". (Efesios 1, 5)

Esto es la filiación divina.

Esta no es una metáfora, ni es un modo piadoso de hablar. ¡Realmente somos hijos de Dios! Esta realidad incomparable tiene lugar en el Bautismo (Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium), donde, gracias a la Pasión y Resurrección de Cristo, tiene lugar el nacimiento a una vida nueva, que antes no existía.

Ha surgido una nueva criatura (2 Corintios 5, 17), por lo cual el recién bautizado se llama y es realmente hijo de Dios. “El cristiano nace de Dios, es hijo suyo en el sentido real, por lo cual debe parecerse a su Padre del Cielo; su condición de hijo consistirá precisamente en participar de la misma naturaleza que Él”. (Teología Moral del Nuevo Testamento).

Cada día de nuestra vida constituye una gran ocasión para agradecer a Jesucristo, Nuestro Señor, el que nos haya traído el inmenso don de l a filiación divina y que nos haya enseñado a llamar Padre al Dios de los Cielos: “Ustedes, pues, recen así: Padre Nuestro …” (Mateo 6, 9).

El sentido de nuestra filiación divina define y encauza nuestra actitud y, por tanto, nuestra oración y nuestra manera de comportarnos en todas las circunstancias. Es un modo de ser y un modo de vivir.

Dios ama a todas sus criaturas, y aquellos no bautizados son hermanos nuestros en cuanto al origen humano, y como Dios nos ama a todos, quiere que todos nos salvemos y que lleguemos al conocimiento de la verdad. Es por ello que debemos de evangelizar a todos.

P. Santiago Martín - El don de ser hijos de Dios

El Padre Santiago Martín, Sacerdote Fundador de los "Franciscanos de María", explica en este video (de magnificat.tv) qué sentido tiene para los cristianos la afirmación "hijos de Dios" -verdadero "don" inmerecido- que se distingue claramente del hecho de ser "criaturas amadas por Dios". Sólo hay un Hijo Único del Padre, Jesucristo.

Por eso, aunque todos los hombres son verdaderamente "criaturas amadas por Dios", sólo algunos son "hijos" en el "Hijo". Una distinción esta que, si no se hace adecuadamente, convierte en superficial la Misión y la Evangelización, e incluso en innecesario el sacramento del Bautismo.

El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado.” (Marcos 16, 16)

¿Cuál es el significado del bautismo en agua?

La inmersión simboliza la muerte de la vida pecaminosa de la persona y su renacimiento a una vida espiritual dedicada al servicio de Dios y de Sus hijos. También simboliza la muerte y la resurrección. "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado." (Romanos 6, 3–6). A quienes siguen adelante con fe se les promete la vida eterna.

¿Que nos sucede cuando somos sumergidos en el agua del bautismo?

El estar debajo del agua representa la muerte y la sepultura de Jesucristo, pero también representa la muerte de nuestro hombre natural (véase Romanos 6:3–6). El volver a salir del agua es simbólico de la resurrección de Jesucristo y representa el nacer de nuevo como Sus discípulos del convenio.



¿Qué significa recibir el bautismo?

Por el Bautismo nos hacemos hijos de y pasamos a formar parte de la gran de la Iglesia. Todos los cristianos somos hermanos y también somos hermanos de Cristo. Durante el Bautismo de Jesús, el Padre lo proclama su Hijo amado. Jesús anunció el amor de Dios a todas las personas.

¿Por qué el sacramento del bautismo nos hace hijos de Dios?

El bautismo nos hace familia de Dios: "un solo señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y padre" (Efesios 4, 5-6), convierte a todos los bautizados en la gran familia de los hijos de Dios. El bautismo nos hace hijos de Dios y miembros de su Iglesia, discípulos de Jesucristo y en su nombre enviados a llevar la buena noticia.

El Bautismo nos hace miembros del Cuerpo de Cristo y del Pueblo de Dios

Catequesis sobre los Sacramentos. Miércoles 15 enero 2014. - Por: SS Francisco | Fuente: Radio Vaticana

https://es.catholic.net/op/articulos/50093/cat/1038/el-bautismo-nos-hace-miembros-del-cuerpo-de-cristo-y-del-pueblo-de-dios.html

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Acerca del Bautismo quisiera detenerme hoy, para subrayar un fruto muy importante de este Sacramento: él nos hace transformarnos en miembros del Cuerpo de Cristo y del Pueblo de Dios. Santo Tomás de Aquino afirma que quién recibe el Bautismo es incorporado a Cristo casi como su mismo miembro y es agregado a la comunidad de los fieles (Summa Theologiae, III, q. 69, art. 5; q. 70, art.1). En la escuela del Concilio Vaticano II, nosotros decimos hoy que el Bautismo nos hace entrar en el Pueblo de Dios, nos transforma en miembros de un Pueblo en camino, peregrinante en la historia.

En efecto, como de generación en generación se transmite la vida, así también de generación en generación, a través del renacimiento de la fuente bautismal, se transmite la gracia, y con esta gracia el Pueblo cristiano camina en el tiempo, como un río que irriga la tierra y difunde en el mundo la bendición de Dios.

En virtud del Bautismo nosotros nos transformamos en discípulos misioneros, llamados a llevar el Evangelio en el mundo (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 120). "Cada bautizado, cualquiera sea su función en la Iglesia y el grado de instrucción de su fe, es un sujeto activo de evangelización. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados." (ibid.) el Pueblo de Dios es un Pueblo discípulo y misionero. Todos en la Iglesia somos discípulos y lo somos siempre, por toda la vida; y todos somos misioneros, cada uno en el puesto que el Señor le ha asignado.

Existe un vínculo indisoluble entre la dimensión mística y aquella misionera de la vocación cristiana, ambas radicadas en el Bautismo. "Recibiendo la fe y el bautismo, nosotros cristianos acogemos la acción del Espíritu Santo que conduce a confesar a Jesucristo como Hijo de Dios y a llamar Dios Abbá (Padre). Todos los bautizados y las bautizadas estamos llamados a vivir y a transmitir la comunión con la Trinidad, porque la evangelización es un llamado a la participación de la comunión trinitaria" (Documento final de Aparecida, n. 157).

Nadie se salva solo. Somos comunidad de creyentes, y en la comunidad experimentamos la belleza de compartir la experiencia de un amor que nos precede a todos, pero que al mismo tiempo nos pide que seamos "canales" de la gracia los unos por los otros, no obstante nuestros límites y nuestros pecados.

La dimensión comunitaria no es sólo un "marco", un "contorno", sino que es parte integrante de la vida cristiana, del testimonio y de la evangelización. La fe cristiana nace y vive en la Iglesia, y en el Bautismo las familias y las parroquias celebran la incorporación de un nuevo miembro a Cristo y a su cuerpo, que es la Iglesia (ibid., n.175 b).

A propósito de la importancia del Bautismo para el Pueblo de Dios, es ejemplar la historia de la comunidad cristiana en Japón. Ella sufrió una dura persecución a los inicios del siglo XVII. Hubieron numerosos mártires, los miembros del clero fueron expulsados y millares de fieles fueron asesinados. Entonces la comunidad se retiró en la clandestinidad, conservando la fe y la oración en el ocultamiento.

Cuando después de casi dos siglos y medio, los misioneros volvieron a Japón, millares de cristianos salieron a la luz y la Iglesia pudo reflorecer. ¡Habían sobrevivido con la gracia de su Bautismo! Y habían mantenido, aunque en secreto, un fuerte espíritu comunitario, porque el Bautismo los había hecho transformar en un sólo cuerpo en Cristo: estaban aislados y escondidos, pero eran siempre miembros de la Iglesia. ¡Podemos aprender tanto de esta historia!”